jueves, 2 de febrero de 2012
Elipsis
domingo, 8 de enero de 2012
Una de café y tres de azúcar
viernes, 5 de agosto de 2011
Este país
Este país es una pena.
Este país es un chiste malo, cruel y repetido.
Este país es una farsa.
Este país no es un país.
Este país es una mala idea.
Este país es una broma de mal gusto.
Este país es un escalofrío.
Este país es una trampa.
Este país es un triste intento.
Este país es una patada en los cocos.
Este país es una arcada.
Este país es un error.
Este país es una tragedia.
Este país es una traición.
Este país es un piedrazo en los dientes.
Este país es su gente.
Alguna gente.
Con eso me quedo.
martes, 13 de abril de 2010
I hurt myself today...
Afortunadamente, la ambulancia y su señora llegaron antes que nosotros y no lo vimos si no hasta el hospital, con unos cuantos moretones, la clavícula rota y la frente magullada por los lentes que reventaron dentro del casco por el golpe que se dio en el suelo. Y digo afortunadamente porque pudo haber sido mucho peor, pudo haberse matado. Pero no, y va a vender la moto. Al final, el mayor problema fue explicarle a los pacos el por qué no tenía licencia. Claro, eso y la maldita venda que te ponen para que se te pegue el hueso de nuevo.
Lo mío, claro está, fue mucho menos glamoroso, por decirlo de alguna forma. Jugaba mi primer partido de la temporada por la selección de fútbol de mi carrera y no llevaba en la cancha ni cinco minutos cuando fui a buscar una pelota y un tarado me hace una zancadilla y como si no le bastara con eso, cae sobre mí. Además de los moretones horribles, las heridas llenas de tierra y sangre y el brazo hinchado, me había quebrado la clavícula izquierda.
Me pasé todo un mes postrado, con la maldita venda que me acalambraba los hombros, el cuello y la espalda; que me cortaba la circulación de los brazos y me rompía las axilas porque mi enfermera personal (mi madre que es enfermera de verdad) la apretaba demasiado ya que tenía que estar, en sus palabras, “lo más derecho posible para que no te quede un cototo”. Las fracturas no duelen, a menos que uno las mueva mucho, pero la venda estaba para eso, para no moverse. Eran los moretones los que me hacían sufrir. Y claro, los calambres musculares por la tensión en los hombros y el cuello.
El accidente de mi primo me hizo recordar mi clavícula, y mi clavícula me hizo recordar la infinidad de cosas que me han pasado. Me he quebrado el antebrazo izquierdo dos veces, ambos huesos, y en ambos ocasiones fue jugando fútbol. Cuando era pequeño, me electrocuté con un Nintendo que enchufé mal y la palma de mi mano izquierda aún muestra la señales de eso. Me mordió la pierna el perro de mi vecino, dejándome un colmillo de proporciones en medio de mi gemelo derecho, con los puntos y las inyecciones correspondientes. Aunque lo mejor de esa historia es que el perro (que se llamaba Dinky), se murió unos pocos días después, envenenado por mí sangre.
Antes de cumplir los diez años ya me había metido una piedra en la oreja, me había tragado una moneda y me había corcheteado el dedo gordo de la mano. Era sin duda un amor de niño. Sumándole a eso las clásicas peladas de rodilla, cabezazos varios, uno que otro puñete en la cara, esguinces y luxaciones, normales en la vida de alguien que alguna vez fue deportista, algo sabía ya acerca del dolor. Pero nada, absolutamente nada fue más terrible que el dolor que me causaron dos malditos dientes… Ni se imaginan lo que les voy a contar.
sábado, 26 de diciembre de 2009
A mí no me canta Marilyn
Estuve de cumpleaños. Es raro estar de cumpleaños. Otra de esas cosas en la vida que nunca son como te dijeron que eran. Extrañamente, y quizás por alguna deformación infantil de la que los padres son culpables, uno cree que debe estar entre los 5 mejores días del año. Craso error.
No sirvo para estar de cumpleaños. Nunca he tenido la capacidad de levantarme y decir: “Ok, voy a hacer de este día un buen día”. Generalmente sólo pasa, de la misma forma en que pasan los días de mierda. Cualquier plan es infructuoso, deprimente y desilusionante. Y claro, siempre es iluso pensar que un día donde eres el centro de atención, al menos en tu círculo u octágono más cercano, podría resultar si quiera interesante.
Cumplí 24 años y debo llevar cerca de 14 tratando de encontrar algo que hacer mientras te cantan con las llamas diminutas de las velas amenazando tus cejas. Mirar la torta, leer lo que dice, mirar a los que te rodean mientras cantan una canción imposible de cantarse afinadamente, sobarte las manos, cantar de repente, desafinar, dejar de cantar, sonreír, rascarte la cabeza, decir gracias mil quinientas veces con un tonito estúpido y aún no termina la canción. Termina, abrazos, otras mil veces gracias. De verdad me intriga que la canción de cumpleaños sea tan fea.
Por suerte, tengo una hermana melliza y puedo hacer como que le canto a ella y me ahorro ese momento incómodo. Pero después vienen las fotos. ¿Qué fotos hay que sacar para un cumpleaños? Como mi cámara es la que se usa siempre, soy siempre el que saca las fotos y para los cumpleaños es siempre lo mismo. Fotos de la torta, del que la sostiene, del cumpleañero con cara de “qué cresta hago mientras me cantan, mejor sonrío” y abrazos. Las fotos de abrazos son horribles. Si se te llega a ver la cara, sales con los ojos cerrados, cierta mueca de pena en la boca y las cejas levantadas. Espantosamente mal. No hay buen ángulo para una foto de un abrazo.
En mi casa, y supongo que en varias, se celebran los cumpleaños el día anterior, para esperar las doce y cumplir con el ritual de las sonrisas y las fotos con mal ángulo. Eso hace que el día de tu cumpleaños no sea muy interesante. En el cine puedes entrar gratis a ver una película, pero ninguna que sea estreno. Que estafa. Pero así como se celebran las tragedias, uno debe recordar el día en que llegó a este mundo bañado en entrañas. Es una forma de decirle al culpable que no hemos olvidado la que nos hizo.
Por esto, el día de mi cumpleaños hago una fiesta e invito a todos los que se me ocurra. Porque si la gente lo pasa bien, por osmosis uno debería tener un buen rato. No importa ser el mozo en jefe de tu fiesta, ni que algunos de los que querías que estuviesen ahí no estaban, o al revés, o que ella se haya ido temprano, o que lavaste vasos hasta las 10 y media de la mañana, o que se llevaron a tus amigos presos por abrir una cerveza en la micro, o que al día siguiente es navidad y tienes que estar presentable aunque se te caiga la cara a pedazos. Como dice mi amiga Vero, si tú eres feliz, yo soy feliz.
Gracias a todos los que hicieron de ese día un buen día. Es lindo ver como la gente que te quiere trata de hacerte las horas menos incómodas y más interesantes. Gracias por los regalos a los que trajeron, creo que este año hubo varios muy dedicados y eso sorprende y se agradece. A los que no, no importa. Les llevaré alguna botella de algo para sus cumpleaños y me las tomaré yo mismo. Difícil es encontrar un regalo que valga más que mi presencia ¿no?. ¿O no? ¿Ah?.... ¿No?
Como cada año, las expectativas no fueron cumplidas. Pero si debo hacer aspaviento de la sabiduría acumulada en estos 24 años, debo decir que las expectativas están sobrevaloradas. Igual que los cumpleaños.
jueves, 10 de diciembre de 2009
Estado de Intemperancia

Pero en esta ocasión lo vale. Fueron años de buscar un buen nombre que me llenara, que englobara un concepto, una idea. Tenía que ser un lugar amplio, pero que no perdiera el hilo de una serie de historias que si bien parecen al azar y antojadizas, no son más que el escamoteo de un libro, escenas de una película, palabras de una oración que está en proceso.
Todo partió con el “escri-viviendo”, que con el paso de los años se me hizo demasiado cursi, aunque no deja de verse entretenido, por eso aún lo conservo. Luego, “ynoeraunapipa” me pareció interesante y sugerente. Un nombre que plantea un desafío, que tiene una historia más allá de esas cinco palabras sin espacio entre ellas. Pero siento que pequé de pelotudo. Ese típico wueón que habla de cuestiones trilladas haciéndose el interesante. Y no es que no lo sea, pero no hay para qué hacerlo patente en una dirección electrónica.
¡Estado de Intemperancia! ¿No les suena genial? ¿Notan el juego de palabras? No pude evitarlo. Conversaba con una chica sobre un video poco digno de nuestras personas en una noche santiaguina cuando comenté lo divertido de su estado de intemperancia, refiriéndome a los efectos de los brebajes dionisiacos en la mente humana y el sistema nervioso central cuando vi esas tres palabras escritas. Pensé inmediatamente en este blog. Corrí por Internet para ver si a nadie se le había ocurrido y fui feliz cuando mi cambio de nombre fue aceptado. Lo había encontrado.
La intemperancia es la falta de Templanza, una de las cuatro virtudes cardinales, junto con la Justicia, la Fortaleza y la Prudencia. La templanza es la capacidad de manejar los impulsos que nos atraen a los placeres terrenales, es la razón sobre los instintos. Y es que esto se ha transformado en una misión complicada. Si no lo fuese, este blog no existiría, por lo de más.
Así que, ante la muerte del Estado-Nación y la dictadura del racionalismo y la vida moralista y políticamente correcta, bienvenidos al Estado de Intemperancia. Ensucie sus pies antes de entrar.





